Un fanart de Dragon Ball nunca está de más, especialmente si se trata de mi primera participación oficial en una Blog War, en este caso convocada por estos tipos. Atención, porque hay algunas propuestas simplemente brillantes...
En cuanto al mio… no me gusta nada como me ha quedado el color… algo tosco y sin fuerza. También es cierto que ando faltal de tiempo con la cantidad de trabajos que nos están encargando en la Joso, pero al menos se me hizo ameno y divertido de dibujar.
Ha habido un ataque masivo al servidor que tengo contratado, corrompiendo miles de bases de datos, (cortesía de Cdmon, en cuanto se acabe el contrato me piro con otra compañía) , y aunque he perdido buena parte del contenido del blog, estoy recuperándolo parcialmente a través del maravilloso caché de Google. Un poco de paciencia, que estos días seguiré actualizando a la vez que recupero las entradas antiguas, que afortunadamente no son más de 30…
Aquí un pelín más grande y sin recortar… Click para ampliar.
La pedazo de entrevista que Zona Negativa ha realizado a Scott McCloud me recuerda que tenía pendiente escribir algo sobre sus tres obras teóricas (o dos y media), empezando por Entender el Cómic, aquella que le encumbró como uno de los mayores entendidos en la materia y considerada prácticamente con unanimidad como el más completo y honesto estudio sobre el potencial y validez del cómic como medio de expresión artística.
Partiendo de los conceptos planteados por Will Eisner en El Cómic y el Arte Secuencial (una obra revolucionaria que tras los gloriosos años 80 empezaba a quedarse un poco corta), McCloud desarrolla su tesis en formato cómic estructurado en nueve episodios, cada uno de ellos centrado en un conjunto de peculiaridades exclusivas de los tebeos (lo que en la práctica vienen a ser los recursos): cada una de estas configuran su lenguaje único, demostrando que se trata de un medio aun por explotar y cuyo crecimiento ha sido torpedeado en innumerables ocasiones por culpa de la mala imagen e ideas preconcebidas que aun hoy día se mantienen en el consciente colectivo (y que afortunadamente, parece que empezamos a superar). Quizás lo más polémico de la obra sea esa definición de “Arte Secuencial” heredada de Eisner, y transformada en la más trabajada, impostada y… ejem… aburrida “Ilustraciones yuxtapuetas y otras imágenes en secuencia deliberada, con el propósito de transmitir información y obtener una respuesta estética del lector“… Sin embargo, a pesar de tratarse de una definición planteada en el primer capítulo, da la sensación que el autor no se la toma muy en serio, pues toda la obra gira en torno a una característica que la definición obvia (aunque se podría considerar que está implícita): que la esencia, la naturaleza del cómic está en lo invisible, en el espacio entre dos viñetas. ¿Quizás de ahí el subtítulo El Arte Invisible?
Por su parte, para ganarse al lector McCloud no se limita a soltar un denso y aburrido discurso, y configura un grafismo simple pero exquisito en el que se dibuja a si mismo en infinidad de viñetas intentando transmitirnos sus conocimientos e ideas de una forma directa, aprovechando al máximo las ventajas del medio: el autor norteamericano hace uso de una inmensa cantidad de recursos que demuestran que esta obra, tal y como está planteada, sería imposible de realizar en otro medio. El tono reivindicativo refleja la pasión que McCloud siente por los tebeos, pero en todo momento
Son muchos los que deberían leerse Entender el Cómic, especialmente aquellos que ven el mundo de los cómics desde fuera y lo juzgan desde una prepotente ignorancia, sin criterio ni moderación. Estoy seguro que su visión de los tebeos cambiaría radicalmente, aunque no lo quieran reconocer.
Esta es la historia de Hermius, uno de los muchos hijos bastardos de Zeus, un ser tan terrible que con el paso de los siglos incluso fue borrado de la mitología griega, pues pocos serían los que respirasen tranquilos después de escuchar una historia tan desconcertante… tan desagradable. Gente sensible, mujeres y niños, no sigan leyendo si quieren que su imaginación aun conserve su inocencia, pues este relato no es apto para gente timorata.
Durante una de sus habituales escapadas nocturnas para escapar del enfermizo control de su esposa Hera, Zeus conoció a una horrible prostituta en una pequeña aldea. Debido a su estado de embriaguez tardó poco en tomarla previo pago de unas miserables monedas de bronce. Tras una noche de excesos, un recompuesto Zeus totalmente arrepentido y asqueado por lo que había hecho se percató de que había dejado a la prostituta embarazada: una prueba irrefutable de lo bajo que había caído el todopoderoso rey de los dioses. Sin el más mínimo remordimiento, asesinó salvajemente a aquella con la que hasta hace bien poco había compartido lecho. Lo que Zeus no se esperaba era que el feto sobreviviese a la muerte de su propia madre, desarrollándose a pesar de todo durante tres meses, hasta que finalmente nació abriéndose paso a través de las tripas del cadáver en putrefacción de su desgraciada madre.
Los habitantes del pueblo decidieron adoptarlo para evitar la ira de los dioses, pero como le temían le trataron mal, reprimiendole y castigándole constantemente. A pesar de todo Hermius creció como un niño cruel, rabioso, impulsivo y malvado, así que una vez cumplidos los trece años y harto de que todos los habitantes del pueblo le tratasen como una rata, incendió el pueblo y asesinó a todos los habitantes, con una excepción, una vieja prostituta que había conocido a su madre, a la que torturó arrancándole la piel a tiras para que le contase la verdad sobre su vida. Cuando Hermius supo la verdad, juró que si su padre no se presentaba ante el y le reconocía como su hijo, se convertiría en el azote de la humanidad, el asesino más malvado y despiadado que el mundo conocería.
Durante los tres años siguientes Hermius realizó las legendarias “Dos mil travesuras sangrientas”, ceremonias de muerte y destrucción que después siempre celebraba de las formas más perversas que nadie podía imaginar, llegando incluso a conocer más que intimamente a Afrodita, a la que por supuesto violó y asesinó durante una de sus bacanales. Finalmente, con la humanidad sumida en el caos y aterrorizada ante su inmenso poder destructivo, Zeus se presentó ante su hijo bastardo y finalmente lo reconoció como suyo. Sin embargo en el primer momento en que su padre le dió la espalda, Hermius le cortó la cabeza.
Y así fue como Hermius, el semidiós bastardo, se convirtió en el rey de los dioses.
Teníamos que ilustrar un texto de nuestra creación, ambientado en la mitología griega y a ser posible con un buen nivel de acabado. Decidí darle un toque “Tarantino” a la historia, que tras ver Malditos Bastardos se ha desatado una pequeña vena cafre en mi interior. Sin embargo la ilustración está mal. Mal. Muy mal.
Solo se me ocurre a mi ponerme a entintar apresuradamente un dibujo hiperdetallado en un A3 sin tener el dibujo bien planteado. El trabajo de hoy para la clase de Creación de Personajes (sí, sí, se que hay otras asignaturas además de esa, pero por el momento no hemos hecho nada digno de verse) era escribir un cuento basado en la mitología grecorromana y acompañarlo de una ilustración, pero Pascual Ferry detectó al vuelo las pifias de una ilustración con unos cuantos fallos de anatomía y una perspectiva que está mal porque… porque… pues porque no existe (y van dos, si seré memo, joder). A repetirlo toca. De todas formas este ejercicio será la base del trabajo final de trimestre, así que volveré a la carga muy pronto con una versión 2.0 de esta obra.
Hace un par de semanas que entregamos a Pascual el nuevo trabajo de creación de personajes, aun no había tenido la oportunidad de colgarlo por aquí. Como podéis ver seguimos con las cartas del tarot, tema que afortunadamente finiquitamos con este trabajo. La próxima semana tendréis un relato ilustrado de mi propia creación, inspirado en la mitología grecorromana, al que le he se me ha ocurrido darle un toque a lo Quentin Tarantino. Aquí, aquí y aquí podéis echarle un vistazo al boceto previo, entintado y trabajo de color respectivamente.

Para la clase de hoy, Pascual nos pidió poner toda la carne en el asador y diseñar una “nueva” carta del tarot, con un significado concreto e intentando obtener un buen nivel de acabado. En mi caso me decanté por este rollo patatero con influencias de fantasía heroica… Al final me pilló el toro, y el coloreado y entintado los acabé entre la noche de ayer y la mañana de hoy totalmente a contrareloj… De ahí que el color me haya quedado algo sosete, con una paleta poco afortunada y una iluminación algo planota y repleta de incoherencias. Tampoco estoy satisfecho con la espalda del tipo y las manos de ambos personajes. La semana que viene repetiremos ejercicio con otra carta del tarot, y yo intentaré como mínimo mantener el nivel solucionando esos errorcillos frutos de las prisas.
